24.7.08

EDV - La huida

La nave surcaba pausadamente el océano. Gustaff, acodado en la borda, contemplaba el oscuro espejo de las aguas, deslizando su vista sobre el trémulo reflejo de las pocas estrellas que rielaban en el cielo nocturno. Parecía sumido en profundas reflexiones, enajenado por oscuros pensamientos. Navegaban una zona peligrosa. Extremadamente peligrosa. Pero no había otro camino. Tenía que llevar su carga a tierra sea como fuere. Todo dependía del buen final de su empresa. Si por cualquier razón fracasaban, no sólo su destino, sino quizá el destino de todo ser vivo, podría verse abocado a un terrible final. Si fracasaban...
Unas pequeñas ondas concéntricas llamaron poderosamente su atención. Apenas rizaban la tersa superficie del agua, pero hicieron que todo su cuerpo se estremeciese de pavor. Sabía que, bajo aquellas aguas, en los más profundo de aquel mundo líquido sobre el que se desplazaban, un horror sin nombre había construido su propio reino, y lo regía con férrea crueldad.
-¡Rápido! ¡Asid los remos y bogad como si el mismo infierno se abriera bajos vuestros pies! -gritó a voz en cuello cuando al fin pudo recuperar el control de sus miembros inertes.
La cubierta bullía de actividad, convertida en un hervidero de hombres agitados, muchos enredados aún en las últimas telarañas del sueño. Las gruesas lonas negras de las velas se desplegaron, hinchándose perezosamente gracias a la suave brisa estival. La osamenta de madera de la nave gimió por el esfuerzo, y pronto sintió como su marcha comenzaba a acelerarse.
-Señor -susurró uno de sus subalternos-, ¿acaso no pretendíamos deslizarnos sin ruido sobre El Nido? ¿No lo atraeremos con el chapoteo de nuestros remos? ¿No seguirá la blanca estela que dejamos sobre las aguas?
-Ya sabe que estamos aquí.
Los ojos del anciano se abrieron como si quisiesen engullir todo su arrugado rostro, y pronto se vieron colmados de lágrimas.
-Tus lloros no nos ayudarán a salir vivos de aquí -prosiguió el capitán-. ¡Cómitre, no oigo el ritmo del tambor!
Pero de pronto un gruñido innatural se elevó sobre el potente chapoteo de los remos. Era un sonido profundo y aterrador, que hizo que muchos de los remeros tratasen de taparse los oídos con las manos, olvidándose de bogar.
-Dios mío, ya está aquí -gimió Gustaff.
El capitán se dirigió presto a su camarote. Cuando iba a entrar en el castillo de popa una sombra se elevó sobre las aguas. Aunque apenas la vislumbró, los gritos de miedo y dolor y la terrible sacudida que lo arrojó contra la pared no hicieron sino conformar sus más oscuras sospechas. Se levantó como pudo, obligándose a no volver la vista mientras notaba como el barco comenzaba a escorarse sensiblemente. Apoyándose en las paredes para facilitar su avance, el capitán logró llegar al camarote. Se abalanzó sobre su viejo escritorio y sacó una pequeña caja de uno de los cajones. No tenía ninguna seña distintiva, ningún grabado. Sólo madera lisa. Pero su contenido...
Otra enorme sacudida lo arrancó de sus disquisiciones. Se encaminó hacia el exterior y abrió la puerta. Pero pese a que sabía lo que le depararía, la dantesca escena que se desarrollaba antes sus ojos casi le hace perder la cordura. La ingente criatura que ante él se elevaba era una abominación, algo que jamás debió de existir, que ninguna mente humana sería capaz jamás de asumir. El entablado de cubierta estaba teñido de sangre y los restos de los que una vez fueron sus hombres estaban dispersos por doquier, horriblemente mutilados, medio devorados. No había supervivientes. El barco estaba prácticamente quebrado por la mitad y el agua comenzaba a inundarlo todo velozmente, arrastrando misericordiosamente de su vista los cuerpos de sus compañeros. Y entonces aquello lo miró. O, al menos, notó su presencia, pues no había nada sobre la superficie de aquella bestia marina que se asemejase a unos ojos. Pero aquellos tentáculos viscosos, erizados de púas y aceradas escamas, comenzaron a reptar hacia él. Quería la caja. No tenía idea de cómo podía saberlo, pero quería la caja. Aquella certeza le dio nuevas fuerzas surgidas de la desesperanza y se preparó para saltar al mar. Pero como si pudiese escrutar hasta el último rincón de su mente, la criatura apresuró su marcha y el extremo de uno de sus tentáculos se cerró dolorosamente sobre el tobillo de Gustaff. Podía sentir como las escamas tajaban piel y músculo, mientras nuevos extremidades de la criatura comenzaban enroscarse a su alrededor. El dolor era terrible. Sentía el calor de su sangre derramándose, al tiempo que un frío gélido lo invadía. Pronto el dolor dio paso a una terrible indeferencia, mientras al borde de la inconsciencia, veía pedazos de carne desprendidos de su cuerpo. Entonces, una voz se abrió paso en su embotado cerebro.
-Muy bien, mi pequeña criatura. Afloja tu presa, pues aún tiene algo que me pertenece.
Los afilados tentáculos que lo sujetaban desaparecieron, y Gustaff cayó desmadejado aunque consciente en el suelo. Tan sólo podía observar las letales garras y las correosas alas de alguna criatura voladora, y unas pesadas botas que descendieron al suelo.
-¿Pensabas que podrías huir de mí? -el recién llegado lanzó una patada al maltrecho cuerpo de Gustaff para girarlo y rebuscar entre los jirones de sus ropas.
Ahora podía verlo claramente. Su rostro atemporal, la rizada melena rojiza y la barba corta que cubría su rostro. Intentó hablar, pero su garganta aplastada y ensangrentada se lo impedía. Entonces el rostro del individuo se crispó en una mueca de furia. A través de las tinieblas que lo envolvían Gustaff pudo ver como el ser arrojaba por la borda la caja vacía. Sorprendido, Gustaff comprendió que los habían engañado a todos, que había sido el cebo. Pero al menos aún no estaba todo perdido. Aún no...
Y con éste pensamiento, Gustaff se abandonó al cálido abrazo de muerte mientras que en sus oídos se extinguía el grito de frustración de Naggar.
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22.4.08

Autoeditándome

Pues después de mucho enredar y de hacer muchas pruebas, he conseguido montar ya el libro de "Un relato del siglo XVII". Si has tenido la santa paciencia de seguir la historia desde el principio o si has ojeado algunos capítulos y te han gustado, ahora puedes llevarte este relato a casa. Podrás tenerlo en pdf (si eres de lo que son capaces de leer en el ordenador) o en papel, para los que, como yo, seáis amantes del sistema de lectura tradicional.


El coste del libro en papel (unas 150 páginas) es de 9€ más gastos de envío y el pdf es gratuito y se puede conseguir al instante. Y todo gracias a Bubok, una empresa de reciente creación que acaba de abrir sus puertas hace apenas una semana. La verdad es que el tema de la autoedición siempre resulta interesante (aunque un poco caro, si quieres distribuirlo a nivel profesional). Pero bueno, siempre resulta agradable tener una copia bien impresa y encuadernada de tus historias. Antes yo usaba Lulu, pero he decidido mudarme a Bubok, dado que es una empresa española. Cualquiera de las dos opciones es muy recomendable (Lulu ofrece más cosas actualmente, pero Bubok acaba de comenzar su andadura y aún no tiene todos sus servicios habilitados, por lo que en breve Bubok ampliará su abanico de prestaciones). Ambos ofrecen una impresión bajo demanda, esto es, que cuando alguien compra un libro, se imprime ese ejemplar, por lo que el autor no tiene que pagar nada si no quiere. Existe un precio base (que es el coste de impresión y encuadernación) al que le añades el beneficio que quieres obtener. Además, ambas empresas ofrecen servicios de corrección ortográfica y gramatical, de estilo, gestión de ISBN (si lo deseas) y muchas cosas más (aunque todas de pago). Lo mejor es que los que estéis interesados le echéis un vistazo para ver como funciona.

Como siempre, si alguien decide descargarse el pdf o comprarse el libro, los comentarios y críticas sobre el relato serán siempre bien recibidos ;)

Un saludo a todos! Sigue leyendo...

5.3.08

5 curiosidades acerca de mi

Pues gracias a Walkirja, la Domadora de Versos, que me ha transmitido este meme, voy a tener la excusa perfecta para actualizar el blog sin esfuerzo. A ver si así consigo salir de este erial creativo en el que estoy sumido :P Además, como curiosidad, os diré que precisamente ahora me estoy leyendo "El Gen egoísta", que es el libro donde se acuña por vez primera el término "meme".

Pero bueno, a lo que íbamos. Cinco cosillas acerca de mí:

* Soy un fanático de los gadgets y demás cachivaches tecnológicos. Me pierden. Esto provoca úlceras monetarias en mis bolsillos, así que no puedo conseguir todos los chismes que quisera. Pero no desespero. Mi última adquisición fue ésta (con la excusa de un autorregalo de cumpleaños :P).

* Soy terriblemente perfeccionista en todo lo que hago. Todo tiene que estar en orden, tal y como yo lo quiero. Como supondréis, esto no hace sino darme innecesarios quebraderos de cabeza. Pero es que no lo puedo evitar.

* Tengo una inagotable curiosidad. Mostradme algo que la despierte y me tendreis horas entretenido y con cara de alucinado. Un efecto colateral de esa curiosidad es que me convierte en aprendiz de todo y maestro de nada: he empezado a aprender idiomas por mi cuenta, he hecho mis pinitos con el Flash y el HTML mediante el empleo de la ingeniería inversa (¡¡y algo he aprendido!!) , trillones de programas se acumulan en mis discos duros a la espera de que los pruebe, aunque su utilidad práctica para mi día a día sea total y absolutamente nula... Y así podría enumerar un sinfín de cosas.

* Odio con todo mi ser que me cambien los planes. Inconscientemente planeo las cosas al milímetro y, cuando ya me tengo algo decidido y anotado en mi agenda mental me repatea que me lo cambien. Incluso si es para bien. Lo bueno es que se me pasa rápido, pero en ese instante... Grrrr

* Tengo la costumbre de hacer chistes, canciones y juegos de palabras con cualquier cosa. ¡Qué guay! , diréis algunos. Pero eso será hasta que me tengáis que soportar durante más de 2 horas seguidas. Lo bueno es que, si os acabo de conocer, estaré tímido y retraido. Pero una vez que coja confianza... preparáos :P

Y bueno, por el momento eso es todo. No es cuestión de ir soltando más intimidades que las estrictamente necesarias :P

Y bueno, como parte del meme, tengo que torturar a 5 personas nominándolas para que lo hagan.

And the meme goes to...

* Desi, genial ilustradora y propietaria de una tienda fantástica (en todo los aspectos de la palabra), que sé que le gustan todos estos enredos (aunque creo que ya hizo otro parecido, pero bueno, que lo repita :P).

* Jorge, gran amigo que ha descubierto no hace mucho todo este cibermundillo de los blogs y que ahora no para de postear. Aquí te dejo material para otro post ;)

* Guy Fawkes, alias Harry Potas, otro gran colega que desde su trono de bilis y jugos gástricos nos deleita con sus opiniones de la más variada índole. Y no veáis que opiniones, que como él dice, su blog no os dejará indiferentes. Atentos a su post de "La tienda de los Rolores". Los más friki que he leído en mucho tiempo. Para partirse :P

* Vega, que en su blog nos ofrece un poco de todo, pero siempre con mucho sentido del humor. Me encantan sus post culinarias, aunque ahora los haya pasado a un nuevo blog.

* Magister, el nigromante. Señor de las artes arcanas y maestro de los giros finales en sus relatos. Su blog bien merece una visita.

Y como las reglas dicen que hay que decir las reglas:

1.-Nombrar a la persona que te ha nominado, poner un link a su página y estas reglas en tu blog.
2.-Compartir cinco cosas sobre tí mismo, algunas rarezas o algunas al azar.
3.-Nominar a cinco personas, poniendo su nombre y el link a su blog al final del post.
4.-Hacer saber a estas personas que están nominadas dejando un comentario en su blog.

Hala, me voy a comentaros en vuestros respectivos blogs lo que os ha caído en suerte ;)

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20.1.08

EDV X: El Lago

-Estúpidos aldeanos -gruñó el jinete para sí mismo-. ¿Cómo pueden ser tan crédulos?
Bórodan se embozó el rostro en la capa para protegerse del gélido aire proveniente del sur. Afortunadamente, pronto entraría en la espesura y los troncos y el denso follaje servirían de escudo frente a la fría acometida del viento. El Bosque Viviente lo llamaban los lugareños. Durante todos los años que llevaba como cobrador de impuestos al servicio del rey había recorrido ese mismo trayecto en innumerables ocasiones, pues era el camino más corto hacia el Cuerno del Este, una próspera urbe que centralizaba todo el comercio al norte del país. Y en alguna ocasión había escuchado extrañas historias acerca de la foresta que rodeaba la bulliciosa ciudad. Pero eran siempre etílicos rumores escuchados al calor de una lumbre, propiciados por el alegre fluir del vino y la cerveza. Mas él jamás había visto nada sobrenatural en sus viajes, y no habían sido pocos. Pero la noche anterior la noticia iba de boca en boca, susurrada en tono quedo y atemorizado. En cada rincón de la pequeña villa en la que había pernoctado, en cada taberna, en cada pequeño comercio, siempre el mismo rumor. El Cuerno del Este había sido arrasado de la noche a la mañana. La ciudad se encontraba asolada e invadida por la vegetación. La gente afirmaba que el bosque, haciendo honor a su nombre, había cobrado vida y arrasado la metrópoli. También se hablaba de extrañas desapariciones y numerosos viajeros que se internaron en la espesura y jamás regresaron. El Bosque Viviente se había convertido en un lugar peligroso, letal.
Sumido en sus divagaciones, Bórodan no había advertido que el camino estaba a punto de internarse en la floresta. Cuando se disponía a traspasar sus fronteras, su caballo comenzó a piafar al tiempo que reculaba, temeroso de franquear su linde. El jinete tuvo que hacer gala de toda su pericia y, aferrando firmemente las bridas, consiguió dominar al aterrado animal. Hincó con fuerza sus talones en las ijadas de su montura y, lentamente, penetraron en la densa floresta.
Bórodan examinó con atención su entorno. Flotaba un silencio denso, pesado, en el interior del bosque. Ni tan siquiera el quedo gemido del viento lograba traspasar aquella barrera vegetal. Ni una briza de aire animaba las hojas de los viejos árboles. Ni un ave quebraba con su trinar aquella insondable quietud. El bosque parecía aguardar, expectante. Bórodan se sintió incómodo. Azuzó de nuevo a su monura para que apresurase la marcha. La noche ya se estaba echando sobre la espesura, y la escasa luz que lograba atravesar el grueso dosel de hojas alargaba las sombras exageradamente.
Pronto apenas pudo distinguir el camino más allá de la cabeza de su montura. Entonces, una extraña luz cruzó velozmente ante sus ojos, seguida de dos más. Eran pequeñas esferas luminosas, más pequeñas que la yema de sus pulgares, y que surcaban veloces el aire frente a tus atónitos ojos. Detuvo la marcha, anonadado, y siguió las evoluciones de aquellas puntos luminosos a lo largo del camino. Asombrado comprobó como aquellas luces parecían danzar a su alrededor, acercándose y alejándose, para luego desaparecer por un angosto paso de animales que se alejaba de la vereda principal. Pero un instante después, aquellas misteriosas luces reaparecieron, para volver a girar a su alrededor y perderse de nuevo por la misma trocha. Movido por una irrefrenable curiosidad, Bórodan las siguió.
El camino se hacía más y más angosto a cada paso, hasta el punto que Bórodan hubo de desmontar. Ató a su montura a un viejo roble y, tras dar unas palmadas tranquilizadoras en el cuello del animal, se encaminó en pos de aquellas misteriosas luces. Avanzó unos cuantos metros, teniendo que agazaparse de tanto en tanto para poder franquear algunas ramas bajas. Se volvió un instante para orientarse y comprobó con horror que la trocha por la que acaba de pasar había desparecido. Ante sus ojos se erguía una impenetrable maraña de troncos y ramas, fuese cual fuese la dirección en la que mirase. Entonces un suave canto se elevó en mitad de la noche. Se giró de nuevo y observo un suave resplandor verdoso que se filtraba por el denso tamiz vegtetal, escasos metros por delante de donde se hallaba. Angustiado, Bórodan se abrió paso a través del denso sotobosque en dirección a la luz hasta alcanzar un enorme claro, en cuyo centro se encontraba una pequeño lago, envuelto por un tenue brillo luminiscente que pintaba de tonos verdes el paisaje. Bórodan se quedó boquiabierto, incapaz de de moverse. Cerca de la orilla, el delicado contorno de un cuerpo femenino se dibujaba, mientras las danzarinas luces que lo guiasen revoloteaban alegremente a su alrededor. Una larga y rubia melena se derramaba en una catarata de desordenados bucles sobre los hombros delicados, resbalando por la espalda hasta hundirse en el agua a la altura de la cintura. Era aquella mujer quien entonaba la extraña melodía.
Como si hubiese notado la intrusiva presencia del extraño, la mujer se volvió muy lentamente. Se encontraba completamente desnuda. Largos mechones de cabello recorrían su torso, delineando sensualmente cada una de sus curvas, ocultándolas apenas. La muchacha clavó su glauca mirada en los atónitos ojos de Bórodan. Lenta y deliberadamente, levantó su brazo e incitó al hombre a avanzar. Como empujado por una fuerza invisible, subyugada su voluntad al poderoso influjo de la desconocida, Bórodan anduvo hacia la orilla. Antes de que pudiese darse cuenta el agua lamía ansiosa sus tobillos, mientras él seguía su ciego e inexorable caminar hacia el interior de las aguas. A su alrededor el mundo se había desdibujado. Ya sólo existían aquellos ojos verdes suspendidos en medio de la oscuridad. Bórodan no sintió cómo el agua penetraba su jubón e inundaba sus calzas. La joven avanzó de forma sinuosa, ladeando la cabeza al tiempo que le regalaba una sonrisa cómplice y sus manos se cerraban sobre el rostro de Bórodan en una caricia que le hizo estremecer. Eran aquellas unas manos suaves y frías como el mármol. Pero el hombre era incapaz de separar su mirada del grácil rostro de aquella criatura. Pues no era aquel un semblante humano. Era una faz atemporal, como si nunca hubiese sido joven y nunca hubiese conocido el paso del tiempo. Como si hubiese existido siempre, pero a la vez hubiese visto el mundo por vez primera esa misma noche.
La joven acercó su rostro al de Bórodan y besó dulcemente sus labios. El funcionario real sintió como aquel ósculo íntimo y ardiente robaba el aire de sus pulmones. Con un destello de pánico comenzó a sentir una opresión en el pecho. Intentó moverse, mas su cuerpo le pareció del todo ajeno. Aquella criatura lo atrajo hacia el centro del lago, sin romper su caricia interminable.
Bórodan, absolutamente inerme e incapaz de reaccionar, sintió como el agua invadía sus fosas nasales, y la sintió discurrir gélida hasta sus agónicos pulmones. Lentamente, hombre y mujer fueron sumergiéndose hacia la profunda morada de la ondina Lo último que Bórodan pudo ver antes de que la negrura invadiese por siempre su mente fue una gran pradera de algas y los cuerpos verdosos pero incólumes de media docena de hombres que aquel espíritu del bosque había ido coleccionando y que ahora, gracias a su cadavérica rigidez, se habían convertido en inmóviles estatuas que adornaban los jardines de su morada submarina...
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4.1.08

EDV: Las ruinas del alma

La luna derramaba su luz macilenta sobre las grises rocas de las paredes que aún permanecían en pie, quedos espectros de edificios otrora esplendorosos. Las sombras se arremolinaban en cada esquina, en cada fisura, temerosas de la trémula luz, escondidas como oscuros depredadores acechando a una presa incauta. Era aquella una luz débil, enfermiza, incapaz de diluir la negrura con que la noche había envuelto la silenciosa escena. Una débil calima se elevaba de la negra arena, enrollándose en lúgubres jirones, como si la misma tierra respirase. Todo aquel enclave rezumaba maldad.
El nigromante se abrió paso, renqueante y confuso aún, a través de aquel pétreo esqueleto de lo que parecía una antigua ciudad. La vegetación había invadido la calzada, levantado los adoquines y resquebrajado los recios muros de piedra hasta derribarlos y sumir aquel paraje en la más absoluta ruina. Un inquietante silencio parecía prendido de aquella funesta atmósfera. No se oía otro sonido más que el susurrante caminar del mago y el tenue crujir de sus ropas. Aquella total ausencia de ruido era sobrenatural.
Él sabía que había sido hechizado por aquel anciano clérigo. Ese vejestorio había reunido el suficiente poder en su mustio y ajado cuerpo para doblegar por un instante la voluntad del nigromante y sumirlo en aquel extraño hechizo que lo había transportado a un lugar remoto y desconocido. Y sin embargo, de una forma que no era capaz de explicar, aquellos restos le resultaban familiares, si bien estaba completamente seguro de no haber visitado jamás semejante paraje.
-Mira en lo que te has convertido.
Una voz quebró el frágil silencio, hendiéndolo con la fuerza de un hacha. Aunque firme, la voz del clérigo se le antojó lejana y débil, como si proviniese de una inconcebible distancia, transportada por la susurrante brisa.
-Esto son los restos del templo de tu alma –prosiguió la voz-. Lo que se despliega ante tus ojos es todo cuanto queda de humano en ti, una vez que abrazaste la negrura y la dejaste penetrar en tu interior. Aún estás a tiempo, Ragnar, de reconstruir el templo. Aún puedes salvar tu alma.
-Estúpido anciano -silabeó el nigromante-. ¿De veras creías que esta patética ilusión podría hacerme recapacitar? ¿Acaso pensabas que renunciaría a todo mi poder? ¿Crees que temo vivir en la oscuridad? ¡Mira cómo es la oscuridad quien reconstruye mi templo!
Ragnar elevó los brazos a aquel cielo oscuro y carente de estrellas. Las sombras parecieron crecer, la niebla formó pequeños remolinos que, lentamente fueron creciendo hasta convertirse en auténticos tornados. El suelo comenzó a temblar, mientras la oscuridad se extendía. Una oscuridad latiente y viva, que reptaba por las vetustas piedras, imbuyéndolas de un insondable poder que emanaba de la figura del nigromante. El temblor creció hasta convertirse en una violenta sacudida y los muros se elevaron, retorcidos y deformados, mudado su color gris a un negro brillante, como si en vez de caliza estuviesen hechos de alabastro pulido. Un inmenso y grotesco templo se erguía ahora bajo un cielo azabache y aterciopelado, donde la luna había sido velada por un manto de oscuridad.
Ragnar volvió en sí con una violenta sacudida. Tal era el poder que emanaba del nigromante que el anciano clérigo, roto el yugo al que lo había tenido sometido, se vio propulsado violentamente al otro extremo de la habitación.
-Nunca debiste de inmiscuirte en mi camino, viejo chocho –el nigromante escupía las palabras-. Ahora mi poder es completo. Nadie podrá interponerse a mi voluntad. Ni siquiera tú y tu dios. ¡Pídele a él que te proteja ahora!
Ragnar crispó los dedos, como si aferrase un objeto invisible en ellos. El rostro del clérigo se vio desdibujado por el dolor. Mientras el nigromante iba cerrando lentamente su puño, el corazón del anciano comenzó a latir desordenadamente, comprimido por una fuerza invisible. Hasta que finalmente reventó.
Volvió entonces el nigromante sus ojos al techo mientras el cuerpo sin vida del clérigo yacía exánime en un rincón de la estancia, y habló a la oscuridad que repentinamente había inundado su laboratorio.
-He seguido fielmente tus instrucciones. Aquí tienes el sacrificio que me pediste. ¡Termina ahora la obra que has comenzado e inunda mi alma de poder y de negrura!
La habitación se desvaneció y Ragnar permaneció suspendido en la más absoluta oscuridad. En ese instante, cada fibra de su ser pareció estallar de dolor mientras recibía en su cuerpo todo el poder que hasta entonces le había estado vetado. Pasados aquellos momentos de agónico sufrimiento, el nigromante abrió los ojos. La parte humana de Ragnar había muerto. Pero un nuevo y terrible poder había nacido. Un ser hecho de negrura y maldad, que extenderá las tinieblas hasta el último confín del mundo, mientras el inexorable transcurrir del tiempo continúe su eterno fluir.
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